Cuando me enteré de la noticia mi mente se desdibujó, las ideas
dieron paso a paisajes inmensos de negación, de tonos fríos y silencio,
mucho vacío con tintes de nostalgia. Pretendía escribirte algo como
despedida, lleno de cosas que se suelen decir, de palabras amables con
la cabeza gacha. Pero sé que tú no me lo hubieras permitido, me
agarrarías por los hombros y dirías, sonriente, que vaya más allá de lo
normal, que no me conforme con lo primero que se me pase por la cabeza,
me dirías que las despedidas en estos casos son aburridas y demasiado
frecuentes. Por eso quiero estrujarme el cerebro y escribirte un
homenaje, un tributo a los perfeccionistas, a los luchadores y a los que
renegaron del egoísmo... características que supiste llevar con
humildad.
No quiero decirte adiós, porque no es necesario,
sigues aquí más que nunca, estás en la presente memoria de muchos como
un ejemplo a seguir por todos, alguien que sobrevivirá al olvido. Aún
recuerdo lo mucho que me impresionó cuando me dijiste que te tenían que
operar para extraerte un tumor, me acuerdo de tu risa cuando me decías
“no te pongas tan serio, yo estoy tranquilo y eso que es a mí al que van
a operar, todo saldrá bien”. Y salió bien, la operación sí, pero con el
tiempo las manchas en las radiografías reaparecieron y te tocó el
suplicio de la quimioterapia. A pesar de eso seguías dedicando sonrisas
siempre que podías, disfrutando del presente y abanderando un optimismo
comprometido con la sociedad en la que viviste.
Sólo en la
convivencia diaria conocemos realmente a las personas, donde no pueden
llevar permanentemente máscaras ni poses, donde la sinceridad se vuelve
costumbre y a veces ese es el problema. Tuve suerte de poder convivir
con Fran, Agus y tú durante dos años (sin contar el precedente en esa
residencia de estudiantes descarriados). Por norma, los pisos de
estudiantes (machos) son caos infames e infectos de suciedad y broncas.
En cambio, nosotros siempre lo tuvimos pulcro y con buen ambiente, aún
recuerdo cuando entraba gente y nos preguntaba, con cierto machismo
absurdo al verlo todo tan limpio,
“¿pero de verdad que no vive ninguna
chica aquí?”
Claro que discutimos alguna vez, pero nunca
hasta llegar al enfado o a la falta de respeto, siempre la amistad
gobernó esa casa de estudiantes que tú supiste capitanear, ya que eras
tú el que nos quitaba la pereza y nos recordaba las tareas, un
paternalismo agradable y necesario. Aún no he hablado con los otros dos
del piso, tampoco sé si saben la noticia y no sé cómo decírselo yo...
Ahora me echarías la bronca por no ser valiente, por no atreverme a
llamarlos y yo te tendría que dar la razón. Tienes mi palabra, les
llamaré para hablar con ellos.
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| (De izquierda a derecha: Agus, Fran, Roger y yo encima de ellos tres) |
Sin tu insistencia para que
enviara dibujos y así se publicasen en la web que había creado tu
hermana y otros amigos, nunca los hubiera conocido y tampoco tu ciudad,
Alicante, un segundo hogar para mí, increíblemente lleno de grandes
personas a las que aprovecho para decir que los quiero muchísimo:
Carlos, Sergi, Marta, David, Altea, Lucía, Raquel, Irina, Álex, Héctor,
Anabel... que sepáis que fue la testarudez de Roger la que logró que os
enviara dibujos a vuestro colectivo digital, lo cual derivó en
exposiciones, fanzines, festivales y vuestra amistad. Me cambiaste la
vida a mejor y ningún homenaje será suficiente para agradecértelo.
No
te haces una idea de lo que me cuesta escribir todo esto, las malditas
lágrimas no me dejan ver la pantalla del ordenador y estoy todo el rato
secándolas, pero la tristeza es poca si la comparo con la satisfacción
de haberte conocido. La fortuna me sonrió en este cruce de caminos que
es la vida, aprendiendo de tus enseñanzas recibidas, de las
conversaciones sobre política, de las bromas cáusticas y de esta
gratitud que perdurará siempre, amigo mío.
Con cariño para:
Roger Ortiz
(1981-2012).