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domingo, 19 de enero de 2014

GAMONAL

Burgos capital del reino
llama viva de la rebelión,
barrio fecundo de resistencia
a la tiranía de maletín y cheque,
ejemplo de calor humano en invierno
y dignidad valiente, cobijo
ante toda tempestad.

Calles furiosas que saben decir basta,
vecindad unida que construye futuro
sin concesiones públicas ni prebendas,
en vuestras piedras lanzadas se edifica
un porvenir del cual las hienas
no podrán entender,
Goliat no os ha podido sacrificar.

Homenaje a los presos, hermanos atados
tras muros de reacción, héroes frente a buitres,
larga vida a vuestros rostros encapuchados,
pedagogía de la acción directa
frente a la corrupción insaciable
que indigesta al urbanismo.

Laureles a los fuertes de clase obrera
y mirada humilde,
Gamonal cosechas honor y fuerza
después de la siembra de injusticia
por parte de caciques y caudillos,
sois mil veces ejemplo.

Vergüenza para los que dicen
que la protesta es inútil.
Barrio indómito que ha llegado
a Madrid y Barcelona,
no hay porra que silencie tu voz
que penetra entre las grietas
de otra sucursal pirata,
tumor con corbata.

Laureles a los fuertes de clase obrera
y mirada humilde.


jueves, 26 de julio de 2012

SOBRE LA RELACIÓN DIALÉCTICA ENTRE CULTURA, MEDIOS DE COMUNICACIÓN E IDEOLOGÍA

    El presente artículo pretende ser una reflexión sobre estos tres conceptos, los cuales forman un triunvirato de influencia para nuestra psique, definiendo las relaciones interpersonales, estructurando los ámbitos de poder y remarcando el espectro político internacional.
    Podemos definir a la cultura como aquellos aspectos identitarios que pueden caracterizar tanto a un minoritario colectivo urbano como también llegar a cimentar la esencia de una nación entera. Sus raíces se asientan alrededor del idioma, las costumbres (las cuales pueden ser tecnologizadas) y los principios estéticos. Desde esa base podemos remarcar esos tres puntos usándolos como estándares que nos sirven para medir el potencial cultural: El idioma, en su forma más intelectual, se fundamenta en la literatura, mientras que su uso coloquial estaría plasmado en la jerga callejera; Las costumbres pueden referirse tanto a simbolismos religiosos ancestrales o a hábitos sociales tales como ver la televisión un lunes por la noche, que haya fútbol los domingos por la tarde o ir a trabajar a las ocho de la mañana (basándonos en aspectos generales); Finalmente nos situamos en los principios estéticos que pueden comprenderse en los gustos artísticos, tales como la música, la fotografía, el cine, la moda o cualquier otro ámbito donde se pueda desarrollar la expresión de ideas, técnicas y sentimientos humanos, los cuales van ligados a las sensibilidades mayoritarias y a las intenciones referentes al poder (por o contra del mismo).
    De este pequeño esquema podemos sacar dos extremos antagónicos. Por un lado tendríamos la tradición, es decir, la sociedad conservadora que se mueve a través de las actuaciones definidas por sus antepasados, sin tolerar el más mínimo cambio en su modus operandi. Este extremo es propio de sociedades ligadas estrechamente a la religión, donde la iglesia (sea la que sea) adquiere una gran influencia de poder, rozando o tocando de pleno el fundamentalismo. En las antípodas de este planteamiento irían las vanguardias, pretendiendo romper radicalmente con todo el pasado dando pie a una nueva sociedad mejor (idealizada de forma utópica), siendo desatada de las cadenas que la sujetan al pasado. El poeta futurista Marinetti, uno de los mayores vanguardistas de principios del siglo XX, llegó a escribir “(...) queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.” Es evidente el desprecio de este movimiento intelectual por la antigüedad.
    Hasta aquí definimos estos dos extremismos culturales que nos delimitan los márgenes en los que se sitúan las dos caras antagónicas de la cultura. A partir de esos dos puntos podemos gozar de una gama casi infinita de matices intermedios y planteamientos artísticos, como el romanticismo o la posmodernidad.
    Dentro de cada contexto existen medios de comunicación que, ante todo, pretenden informar al lector sobre sus propios intereses culturales. Tras esos gustos se esconden posicionamientos sociales, como ya hemos visto en los dos extremos citados. Dichas posturas marcan un vínculo con la ideología, es decir, la pretensión de forjar un tipo u otro de sociedad, habiendo un margen intermedio entre conservadores (valedores de la tradición) y revolucionarios (transformadores sociales). A parte de estas dos opciones siempre quedan sensibilidades de pensamiento que no aspiran a rasgos intolerantes de ningún tipo o que se sumergen en la total indiferencia. En vísperas de la Revolución francesa (1789) la prensa se politizó muchísimo más, transformando su tono informativo en un elemento de propaganda y agitación panfletaria. La gente con ideales comunes se asociaron en clubes, los cuales, derivarían a lo que hoy entendemos como partidos políticos. Cada club (o partido político) que se preciara fundó un periódico en el cual exponía sus principios al resto de la sociedad, algo que a posteriori también utilizarían los sindicatos para defender al movimiento obrero desde abajo.
    La prensa como órgano partidista o sindical fue quedándose obsoleto en el siglo XX, especialmente en plena “Guerra Fría”, optando (en el bando occidental) por unos medios de comunicación independientes o, al menos, no ligados oficialmente a ningún partido o sindicato. Así la información se basaría en los principios del mercado: la oferta y la demanda, viéndose así como mero negocio. Obviamente la contrapartida mediática a esa información a cambio de un precio regular es que sus dueños, o accionistas mayoritarios, sí tenían un posicionamiento político subterráneo, mezclado con intereses materiales a corto plazo. Ello supuso que las críticas y/o alabanzas (a personalidades públicas) tuvieran la precisión de un francotirador. Los magnates de la comunicación se transformaron en gurús que podían influir directamente en la sociedad, por no usar la palabra ´manipular`, haciendo que sus intereses personales fueran los intereses de todo el mundo. Diversos estadistas se encontraron frontalmente con la furia mediática, la cual logró, por ejemplo, la dimisión y el escarnio público del presidente norteamericano Richard Nixon.
    Como dijo Walter Benjamin, en su ensayo “Crítica de la violencia”: “Toda violencia es, como medio, poder que funda o conserva el derecho.” A día de hoy podríamos cambiar la palabra ´violencia` por la de ´prensa`. Aquello que antes era exclusivo de la fuerza bruta pasa a ser parte del terreno (¿sutil?) de los medios informativos de masas. Esto se puede ilustrar recordando los inicios del siglo XXI, donde la prensa, escudándose en la libertad de expresión (que más que pertenecer a los propios periodistas es una propiedad más de las élites dueñas de los rotativos) puede difamar a quien le venga en gana, satanizando hasta la mejor de las intenciones. Los intentos de golpe de Estado en Venezuela (abril de 2002) o en Ecuador (septiembre de 2010) estuvieron tutelados por los medios de comunicación atrincherados en la oposición al gobierno, llegando a presentar a víctimas civiles del bando contrario como si fueran mártires de su causa, en una muestra de la más obscena manipulación. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, dijo en una entrevista “no es lo mismo la opinión pública que la opinión publicada.” Y es que la prensa, en muchas ocasiones, disfraza su ideología como portavocía de la sociedad cuando, la verdad, es que detrás de sus redactores están las oligarquías autoritarias, limitando las libertades en cuanto al ejercicio del pensamiento disidente entre sus profesionales.
    Cerrando el círculo dialéctico aquí planteado, podemos referenciar que los medios de comunicación habitualmente potencian un tipo u otro de cultura, como puede ser el caso del cine norteamericano, el cual es omnipresente en toda publicidad mediática. Siendo así como, de una forma monetaria, un tipo de cultura puede llegar a ser considerado dominante. Mientras, otras obras que no gozan de enormes inversiones económicas se quedan en círculos minoritarios de interés, alejados del gran público y no por falta de calidad en la edición final (muchas veces muy por encima de los productos prefabricados que llegan desde Hollywood), quedando relegados al ostracismo económico dictado por las grandes corporaciones (actualmente dueñas hasta de los multicines). Según el primer teórico de la publicidad, el genial Edward Bernays, los medios de comunicación nos ayudan a poner en orden el caos de nuestra sociedad. El problema está en las prioridades que se eligen o los intereses que se tienen.

miércoles, 25 de julio de 2012

NUESTROS NIETOS PAGARÁN ESTA ORGÍA CONSUMISTA

    En los años 70 las economías estatalizadas de occidente, también llamadas socialdemocracias, vivían un período de ´estanflación`, es decir, un estancamiento económico con altos índices de inflación que supusieron grandes cifras de paro. Esta situación la aprovechó el ala derechista de la política y los partidos tradicionalmente conservadores se transformaron en adalides del libre mercado.
    ¿Qué suponía esa “nueva” forma de ver la economía? Primero de todo significó el desligamiento paulatino de la excesiva influencia estatal en los mercados, similar a las economías decimonónicas, donde el capitalismo no estaba sujeto a restricción alguna a nivel financiero. Esos ideales fueron teorizados y actualizados por Von Misses y Hayek en Europa; y Milton Friedman en Estados Unidos, los dos últimos autores recibieron sendos Premios Nobel de economía.
    Las políticas de Ronald Reagan (en EE.UU.) y Margaret Thatcher (en Reino Unido) dieron pie a lo que poco después se llamaría globalización. En pocas palabras, el mercado se hacía mundial. Por ejemplo, lo que comprabas barato en Taiwan lo vendías caro en Alemania o Francia. La mano de obra tercermundista (y casi esclava) abarataba totalmente los costos de producción, permitiendo un margen de beneficio mayor y ello compensaba, con creces, el pago del transporte de aquellos productos fabricados en el lejano oriente. Lo mismo pasaba con el petróleo y la alimentación, todo lo barato llegaba desde el extranjero. Contra sus precios era imposible que compitieran las empresas occidentales, las cuales cerraban o sus fábricas se deslocalizaban para ser llevadas a países subdesarrollados, con niveles de vida más bajos y tenues legislaciones que defendieran a los trabajadores.
    Los precios reducidos hicieron que aumentara el consumo en todo occidente y ese flujo constante de dinero hizo que las economías creciesen. La lógica de la oferta y la demanda hacía que se necesitasen más materias primas para abastecer a un primer mundo derrochador sin límite. Aquello que no era consumido se tiraba a la basura o se destruía sin el menor remordimiento. Además, Thatcher quitó las restricciones que tenían los bancos para poder invertir/especular con el dinero de los ahorros que depositaban sus clientes, la mayoría de clase media (dato que explica porqué se rescata de la quiebra a los bancos actualmente). Las circunstancias del auge capitalista hicieron que el bloque soviético acabara colapsando.
    El nuevo paradigma económico se basaba en un crecimiento constante de la riqueza, que idealistamente se creía infinito, olvidando que las materias primas de la Tierra son limitadas. De ahí, por ejemplo, la alarmante deforestación de la Amazonia, donde varios grupos ecologistas se llevaron las manos a la cabeza al ver a la velocidad en que se destruía el llamado “pulmón del planeta”. Se repetían catástrofes medioambientales como vertidos de crudo en el mar o la polución excesiva en la atmósfera, siendo indicadores del peligro que correríamos en el futuro. La explicación de esta estupidez venía de una corriente utopista de “pensamiento” en los años 40, llamada prepotentemente ´objetivismo`. Su máxima ideóloga era Ayn Rand, una rusa exiliada en Nueva York. Su idealismo era tal que veía con buenos ojos el máximo egoísmo individualista y negaba la necesidad de un pensamiento colectivo, creando la arquitectura de una lógica basada en el enriquecimiento rápido y de cualquier modo, estandarte del pensar sólo “a corto plazo”, algo habitual en la actualidad. Para ella el mundo se dividía entre triunfadores y perdedores, algo que los “tiburones” de Wall Street usarían para evitar cualquier tipo de remordimiento cuando, por culpa de sus especulaciones, hicieran que miles de familias se quedasen en la calle.
    Ayn Rand también fue muy influyente para el hombre que sería presidente de la Reserva Federal estadounidense desde la era Reagan, el gurú financiero Alan Greenspan. Dicha institución es la encargada de imprimir los dólares norteamericanos. La estupidez de su presidente fue tal que logró un aumento irresponsable de la circulación monetaria, fomentando el crédito a un nivel absurdo que ahora occidente sufre, viviendo una crisis de deuda por culpa del “mayor capullo del universo” (como le tilda Matt Taibbi en su libro ´Cleptopía`).
    Otro mito que lleva el libre mercado, también conocido como neoliberalismo, es que las economías libres de influencia estatal se autorregulan, donde una “mano invisible” logra solucionar los problemas que se ocasionan. En pocas palabras, un ejercicio teológico de fe en el porvenir y en la providencia, especialmente cuando las cuentas corrientes de aquellos que financian a los políticos se estén llenando.
    ¿De qué sirven las riquezas cuando el mundo se autodestruye? Los beneficios económicos no deben ser compensación por hipotecar el futuro de los que heredarán el planeta. Las élites económicas siguen explotando un mundo en el que cada vez se extinguen más especies animales y vegetales y donde es más sencillo tener cáncer por culpa de la polución. La desertización de nuestro hábitat hará que los conflictos futuros sean por el control de los recursos hídricos, si no vamos con cuidado, el agua potable será tan estratégica como lo es hoy el petróleo, con el agravante que conlleva ser un recurso de primera necesidad. “Los seres humanos son autónomos, pero sólo sobre la base de la dependencia más profunda que tienen de la Naturaleza, del mundo y de los demás.” No podemos olvidar estas palabras, escritas por Terry Eagleton, o acabaremos lanzándonos al abismo del olvido, por muy llenos de dinero que tengamos los bolsillos. La amoralidad de las economías sólo puede llevarnos al canibalismo.

miércoles, 25 de enero de 2012

Panfleto contra la tolerancia generalizada

   ¿Tolerancia? ¿Pedís tolerancia a la clase trabajadora? ¿Acaso es tolerante aquél que paga el sueldo mínimo de forma rastrera a una persona que hace diez horas al día? ¿Son tolerantes los que te hacen firmar un contrato tan inestable que no llega a un mes? ¿Y el que se lucra a costa de gente que ni tiene dada de alta en la Seguridad Social? ¿Aquellos que guardan sus fortunas en los paraísos fiscales seguro que dirán que son los más demócratas y que la soberanía la tiene el pueblo? Tolerancia es una palabra que sólo se aplica como mordaza a la clase social débil, la clase que vive en el esclavismo asalariado. Aquellos que especulaban con el suelo y la vivienda, haciendo impagable un techo donde vivir son de todo menos solidarios o tolerantes. Los que monopolizan la violencia nos piden tolerancia porque tienen miedo... miedo de aquello que son capaces de hacer por mantener sus privilegios... miedo por el monstruo que se esconde detrás de toda su retórica políticamente correcta. ¿Son tolerantes en sus subastas de poder disfrazadas de elecciones democráticas, bajo el maquillaje del marketing y relaciones públicas? De esa mentira sólo salen líderes de la clase dominante, aquellos que fueron "niños bien", niños de colegio privado que nunca han necesitado el uso de la sanidad o la educación públicas. ¿A esos les damos las llaves de los bienes comunes? ¿Acaso no recordamos que antes de la crisis no eran suficientes los medios, con sus listas de espera, sus barracones para estudiar...?
   No hay dinero para todos porque los dueños de España tienen muchas cifras en sus beneficios. Aún recuerdo cuando los funcionarios se sentían de la clase privilegiada y votaban a la derecha, cuando no tenían miedo de la palabra recorte. Un sistema político basado en los números con una balanza ladeada. Piden que nos apretemos el cinturón, a las clases humildes, al mismo tiempo que los negocios del lujo logran un 25% más de beneficios. ¿Tolerancia, acaso esa es la nueva prisión de las masas? Llamadme intolerante porque no quiero seguir tragando mierda. No tolero un presente precario que quieren hacer crónico mientras los banqueros tienen jubilaciones millonarias.
   Prefiero la demagogia al esclavismo, prefiero la intolerancia a que me traten de cordero, prefiero estar del lado de las masas que de los terratenientes. El totalitarismo es que unos pocos libres traten como ganado al resto de la población. Acaso queremos ser tolerantes a todo este feudalismo bancario, cárceles hechas de créditos e hipotecas, ahí están los vasallos del siglo XXI. La revolución empezará cuando aprendamos a no ser tolerantes con su dictadura basada en el casino bursátil y la deglución de recursos naturales sin masticar. Generalizar la tolerancia es seguir dejando que hagan lo que quieran con nosotros. ¿Hubo tolerancia en las porras y pelotas de gomas que desalojan plazas llenas de ciudadanos manifestándose? Ellos que tienen el poder que den ejemplo de tolerancia, hasta entonces, seguiré sin creer en esos lobos con corbata. ¿Acaso el enfermo tolera el cáncer? Su avaricia acabará siendo nuestra metástasis.
   ¡No nos conformemos con partidos políticos o sindicatos, nuestros puños alzados serán los aires de cambio! Unidos sin fisura, dejando de lado las diferencias, apoyémonos los unos a los otros como un  sólo organismo que juzgue a los culpables de nuestro desdén, nosotros somos el Estado, nosotros somos la nación, nosotros somos el progreso que los caciques mediáticos entorpecen. Clase obrera, sin importar la afiliación, sin importar la raza, sin importar la creencia, somos aquellos que debemos destruir un sistema injusto para dar paso a un país centralizado en base comunal, recuperar París en 1871, recuperar Moscú en 1917, recuperar Barcelona en 1936, recuperar París en 1968... aprender de esas fechas y marcar un nuevo año libertador más allá del día y el mes, más allá de un 15 de Mayo, nos falta el gran año. Si nuestra tolerancia es social nuestra intolerancia ha de ser sistémica.

sábado, 21 de enero de 2012

POEMA INDIGNADO

Hemos cosechado un jardín de ruinas
mientras borramos la avaricia como pecado,
sonrisa forzada y crisis crónica, utopía hecha con miseria,
una diarrea de votos para elegir al portavoz de la banca,
dejad que aplauda esta bella obra de teatro
mientras se vende el aire y se vuelven a comprar personas,
dejad que el cielo se apague para que no compita
con las empresas energéticas
mientras comienzan los feudos empresariales.

Muerte a los buenos propósitos
si no hay acción que los respalde,
abajo los monumentos si no hay dinero para pagarlos
dejemos de jugar a ser las termitas de este planeta
y caníbales de la ciudad.

No hay piedras suficientes
para lapidar a los cretinos
que se lucran con nuestra desesperación,
incendiad el infierno, cuando no quede petróleo
usaremos la sangre de los reyes, cuando no quede pan
devoraremos el Vaticano con Dios de nuestro lado.

Si quieren guerra les daremos Pueblo
un bosque de puños alzados sin dueño,
un suspiro de furia de clase media, de clase baja
y nadie más se atreverá a dejar de tenernos miedo,
decapitaremos terroristas electos de ser necesario
y los colgaremos con las corbatas de los totalitarios,
los que juegan a ser monarcas de las acciones de una bolsa
tan lejana que no llega el viento, ellos fueron
los responsables de creer que fuimos rebaño
cuando sólo existe jauría indignada.

Seremos reino del vacío
si dejamos que se apague la república del latido,
la justicia y la igualdad son la libertad de todos,
arranquemos los privilegios
y hagamos iguales a los privilegiados,
a los amos y a los caciques
los trataremos de tú.

El Triunfo de la Voluntad Enferma


sábado, 19 de noviembre de 2011

Dios

Aquí os dejo un cómic que hice en el 2009 y que no había subido a la red. Para celebrar el blog lo subo aquí.Dadle al botón de ver a pantalla completa.

Dios se hunde en el cielo - Javier Crux

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